El libro que se aburría

Érase que se era un libro que se aburría...
Dentro de sus tapas y arropado por dos hermosas guardas de color azul, vivía cuatro historias de lobos, ogros, brujas y otros seres mágicos, pero escondido y olvidado en un extremo de la vieja estantería hacía ya mucho tiempo que nadie abría sus páginas. Poco a poco sus viejos amigos habían sido relevados por misteriosas y brillantes cajas de plástico, en donde dormían hermosos discos plateados. El pobre libro se sentía muy solo.
Al principio pensó que tal vez podía entablar conversación con estos nuevos vecinos, así que abrió tímidamente sus hojas y dejó salir las palabras que contenía, para saludarlos amablemente. Entonces una de las cajas, la más cercana, se abrió con un "click" misterioso y el disco que la habitaba dio unos cuantos giros a un lado... y después al otro... pero el pequeño libro no vio salir ni una sola letra de su interior.
Esperó y esperó hasta que al final, la caja se cerró sin pronunciar palabra. Al ver esto, nuestro amigo pensó que no se podía conversar con los discos plateados y cerrando de nuevo sus tapas se recostó tristemente en aquel rincón de la estantería a donde había sido relegado.
El libro también echaba de menos a los humanos. Recordaba con nostalgia el brillo cambiante de sus ojos mientras recorrían sus hojas y su risueña expresión cuando cerraban sus tapas tras la palabra "Fin". Cuando esto sucedía, el relato se sentía féliz porque había cumplido con la misión para la que había sido creado y esto le llenaba de satisfacción.

Era Nochebuena y el libro recordó como en aquellas fechas a la estantería llegaban nuevos amigos, aquellos a los que ahora echaba de menos... tanto que incluso suspiró al pensar en aquel diccionario enciclopédico que tanto le enojaba porque, cuando se apoyaba sobre su costado apenas le dejaba respirar...
El libro se sentía tan triste que sin poderlo evitar abrió sus páginas y dejando escapar unas pocas letras repetidas, comenzó a llorar...
-Snif... snif... snif...
Nochebuena es una noche mágica para los hombres, para los ángeles y ¿por qué no?... también para las historias encerradas en un libro... Un CD sin grabar y un libro sin leer no son tan diferentes. El Hada de la noche ha tocado con su varita al libro y al CD y ¿por qué no?... al niño que llevas dentro...

Estás delante de tu viejo ordenador, una noche más, una navidad más.
Ya no recuerdas cuándo ni cómo cambiaste la estilográfica por el teclado pero el caso es que ahora mismo estás escribiendo un cuento de navidad y empiezas a sentirte terriblemente solo.
De repente el cursor hasta ahora obediente y sumiso a tu voluntad, cobra vida propia y comienza a escribir guiado por manos invisibles, sigues con la vista la línea hasta que lo ves quedar colgado en un símbolo que parece esperar tus órdenes. Allí mismo puedes leer...
"El Hada escuchó los sollozos del libro, vio el CD vacío y rozando a ambos con su varita mágica, susurró con voz dulce unos extraños versos..."

"Un relato entre dos repartido,
el uno controla los ojos
y el resto de los sentidos.
El otro controla las letras
y con ellas el destino."
>
Bienvenido al mundo de los relatos conversacionales.